Rissani, la ciudad de los antiguos nómadas en Marruecos.

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Hay muchas rutas por Marruecos que conducen a ciudades para conocer, Fez, Marrakech, Essaouira, pero…ninguna se parece a Rissani, está a unos cuantos kilómetros de Erfoud, y es la ciudad más cercana al Erg Chebbi, el desierto de Marruecos, de grandes dunas y finísima arena.

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¿Qué tiene Rissani que la hace tan especial? 

Pues… como lo diría yo…es tan tradicional, tan auténtica, que no nos deja para nada indiferentes.

La mayoría de sus habitantes son antiguos nómadas, beduinos que se dedicaban al pastoreo.
La familia de mi marido es un ejemplo de ello, antes vivían en el desierto, y él, como sus hermanos, nacieron en el interior de una jaima, en el suelo, y mi suegra, que es una mujer valiente y una superviviente nata, ha dedicado su vida a su familia en extremas condiciones y situaciones.

Es por ello, que Rissani, es la ciudad de los antiguos nómadas de Marruecos, una ciudad que ha dado a todos ellos, un hogar del que resguardarse, con paredes y techo.

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Y cuando uno camina por sus calles polvorientas lo siente. No es una ciudad pensada para impresionar al viajero, ni para seducir con artificios. Es una ciudad real, viva, con historia en cada esquina y memoria en cada mirada. Aquí, las tradiciones no son un espectáculo, son la vida misma.

En el mercado, uno de los más auténticos del sur de Marruecos, aún se respira ese espíritu nómada: hombres con turbantes azules, mujeres cubiertas con sus melhfas, comerciantes que regatean como lo hacían sus abuelos. El sonido de los burros cargados de mercancía se mezcla con el aroma de las especias, los dátiles recién cosechados y el pan horneado en leña.

Rissani no es solo una ciudad; es una transición. Es el paso del desierto abierto a la vida sedentaria. Es el lugar donde muchas familias dejaron atrás las jaimas para construir casas de adobe, sin renunciar a su identidad. El desierto sigue formando parte de ellos, aunque ahora tengan paredes que los protejan del viento y del frío nocturno.

Aquí se entiende que el lujo no está en lo material, sino en la resiliencia, en la unión familiar, en la capacidad de adaptarse sin perder las raíces. Rissani representa esa fuerza silenciosa del pueblo sahariano: gente que ha sabido sobrevivir a la dureza del clima, a la escasez, a la distancia… y que aún conserva una hospitalidad inmensa.

Quizás por eso emociona tanto. Porque no es un decorado. Es verdad. Es memoria. Es origen.

Curiosidades de Rissani

Rissani es una ciudad en la provincia de Errachidia, antigua capital de Tafilet. Está ubicada en una intersección de caminos, entre el norte y el sur, lo que le dio cierta importancia como centro importante comercial de la región, con un gran zoco, especialmente animado los martes, jueves y domingos, ya que hay muchas paradas ambulantes vendiendo todo tipo de productos, desde verduras, menaje, ropa, herramientas, hasta animales.

Cuando te adentres por sus calles el día de mercado, verás a los hombres ataviados con sus gandoras y turbantes, y las mujeres vestidas con sus melhfas, dejando al descubierto tan solo sus ojos, miradas que te perseguirán por todo el recorrido y que te harán sentir algo vigilado, pero esas miradas, son de envidia e ignorancia hacia el desconocido.

Llegarás hasta una gran esplanada, donde los días de mercado se abarrota de burros, es el llamado parquin de burros, un lugar donde muchos viajeros paran a fotografiar, pues el sitio es gracioso y único.

Y si estás de ruta por Marruecos y pasas por esta ciudad, haz un alto en el camino y prueba la Medfouna, una pizza bereber, parecida a una empanada de carne, pero condimentada con especias y cebolla, que está realmente buena.

¿Qué monumentos visitar en Rissani?

Sijilmasa

Justo antes de entrar a Rissani, se encuentran las ruinas de Sijilmasa, fue una ciudad medieval bereber, capital del primer principado islámico prácticamente independiente en sur. Según las historias escritas, un bereber que procedía de la España musulmana fue el primero en establecerse en el lugar a mediados del siglo VIII y empezó a formarse la ruta de comercio transahariano, llegando a salir de Sijilmasa caravanas de más de 20.000 dromedarios hacia las minas de sal de Tagahaza y Taodeni, en la actual Mali, para continuar el camino hasta Níger y Ghana, donde la sal del Sáhara se vendía a cambio de oro africano. En el siglo XII el oro africano se refinaba en Sijilmasa para llegar hasta Europa, pero las continuas batallas llevaron a la caída de la ciudad en S.XIV y aunque fue reconstruida por el sultán alauí Moulay Ismail en el S.XVIII, fue finalmente destruida por los guerreros nómadas de Aï Atta en 1.818.

Desde entonces y lamentablemente para la ciudad, esta permanece en ruinas, y cada vez más en un estado deplorable, su conservación depende del Ministerio de Cultura de Marruecos.

Ksar El Fida

Esta gran Kasbah alauí fue concebida como palacio del caïd local hasta 1965, fue restaurada y por el hecho de haber albergado un museo arqueológico, recibiendo subvenciones para poderla conservar. Pagando un donativo, se puede hacer una visita guiada, la cual la hace un hombre mayor, que habla árabe o francés.

Zaguía de Moulay Alí Chérif

La Zaguía de Moulay Alí Chérif, es el mausoleo que conserva los restos del sultán, un bonito edificio construido a mediados del siglo XX, que resultó destruido tras un desbordamiento del río Ziz, pero que se restauró rápidamente. Este mausoleo es accesible tan solo para los musulmanes, pero sí que se puede visitar la zona central, que es como un patio andaluz, un espacio perimetral que da acceso a salas no visitables, como la mezquita y el mausoleo que conserva los restos del sultán.

Se puede visitar todos los días de 9.00 a 18.00 horas.

En Rissani, cuando hay una boda, es lugar predilecto de los novios para hacerse unas cuantas bonitas fotos.

Desde Rissani al desierto de Erg Chebbi, en Merzouga

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Desde Rissani al desierto de Erg Chebbi, en Merzouga, el paisaje cambia poco a poco hasta transformarse en un mar infinito de arena dorada. Apenas treinta kilómetros separan la ciudad de los antiguos nómadas de las grandes dunas del Sahara, pero la sensación es la de estar atravesando un umbral: dejamos atrás palmerales y kasbahs de adobe para adentrarnos en uno de los escenarios más impresionantes del sur de Marruecos.

A medida que nos acercamos a Merzouga, las dunas del desierto de Erg Chebbi comienzan a dibujarse en el horizonte. Algunas superan los 150 metros de altura y, según la hora del día, cambian de color: doradas al amanecer, anaranjadas al atardecer y rojizas cuando el sol se esconde. Es un espectáculo natural que no deja indiferente a nadie y que convierte cualquier ruta privada por Marruecos en una experiencia inolvidable.

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Dormir en el desierto de Marruecos, es sin duda, uno de los momentos más especiales del viaje. Si tienen que buscar un campamento, una de las mejores opciones es Arabian Nights Desert Camp, por su situación tranquila, alejada de otros campamentos, lo que permite disfrutar del silencio absoluto del Sahara y de un cielo estrellado difícil de describir con palabras.

Su ubicación privilegiada, en plena naturaleza y rodeado de dunas, garantiza una experiencia auténtica pero confortable, combinando la tradición de las jaimas con todas las comodidades necesarias. Aquí, el tiempo parece detenerse. El sonido del viento, la música bereber alrededor del fuego y la inmensidad del paisaje hacen que la noche en el desierto de Erg Chebbi, el Sahara de Marruecos se convierta en uno de esos recuerdos que permanecen para siempre.