Las maravillas de Marruecos: lugares que merece la pena conocer

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Aït Ben Haddou, una de las maravillas de Marruecos

Marruecos es un país difícil de resumir en una lista. Hay ciudades con siglos de historia, medinas que parecen auténticos laberintos, kasbahs construidas en adobe, grandes palmerales y paisajes que cambian por completo cuando se atraviesa el Atlas y comienza el camino hacia el desierto.

Aunque a veces se habla de las ocho maravillas de Marruecos, en realidad no existe una lista oficial. Y quizás sea mejor así, porque elegir solamente ocho lugares dejaría fuera muchos rincones que merecen formar parte de cualquier viaje por el país.

Nosotros hemos preferido hacer nuestra propia selección, basada en los lugares que conocemos y recorremos habitualmente. Algunos son muy conocidos y otros representan paisajes y formas de vida que ayudan a entender un Marruecos muy diferente al de las grandes ciudades.

Dromedario Volador, te acompaña por algunas de las grandes maravillas de Marruecos.

Marrakech, una de las grandes maravillas de Marruecos

Marrakech es probablemente una de las ciudades que mejor representa la imagen que muchos viajeros tienen de Marruecos antes de conocer el país. El movimiento de sus calles, los colores, los aromas de las especias y el bullicio de los zocos forman parte de una ciudad que se vive, sobre todo, caminando.

Gran parte de su historia se concentra dentro de la medina. Allí se encuentran lugares como la plaza Jemaa el Fna, la mezquita Koutoubia, la Madrasa Ben Youssef o el Palacio de la Bahía, además de cientos de pequeñas calles dedicadas al comercio y la artesanía.

Pero Marrakech también es un excelente punto de partida para descubrir otros paisajes de Marruecos. Desde aquí comienzan muchas rutas que atraviesan el Alto Atlas y continúan hacia las kasbahs, los valles del sur y el desierto.

Vida cotidiana en la medina de Marrakech

Recorrer la medina de Marrakech es una de las mejores formas de empezar a descubrir la ciudad y entender por qué, para nosotros, Marrakech es también una de las grandes maravillas de Marruecos.

Fez, un viaje al Marruecos más histórico

Si Marrakech sorprende por su movimiento y sus contrastes, Fez lo hace por la sensación de haber retrocedido en el tiempo. Su antigua medina, Fez el-Bali, conserva un entramado de callejuelas, talleres, mercados y edificios históricos que forman uno de los conjuntos urbanos más fascinantes del país.

Recorrerla significa pasar junto a pequeños talleres de artesanos, antiguos funduqs, madrasas y puestos donde todavía se mantienen oficios transmitidos durante generaciones. Entre sus lugares más conocidos se encuentran las curtidurías de Chouara, una de las imágenes más características de la ciudad.

Fez fue durante siglos un importante centro religioso, cultural y comercial y todavía hoy mantiene una personalidad muy diferente a la de otras ciudades marroquíes.

Perderse por la medina de Fez —mejor acompañado por alguien que la conozca bien— es una de esas experiencias que ayudan a entender por qué merece estar entre las maravillas de Marruecos.

Aït Ben Haddou, la gran kasbah de adobe

Al otro lado del Alto Atlas, el paisaje cambia por completo. Allí aparece la Kasbah de Aït Ben Haddou, uno de los lugares más impresionantes y reconocibles del sur de Marruecos.

Este antiguo ksar, construido principalmente con tierra y adobe, está formado por viviendas y construcciones fortificadas que parecen fundirse con el paisaje. Sus estrechas callejuelas ascienden poco a poco hasta la parte más alta, desde donde se contempla el valle y las montañas que lo rodean.

Aït Ben Haddou fue durante siglos un punto importante en las antiguas rutas comerciales que atravesaban el sur de Marruecos y hoy está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su particular arquitectura también lo ha convertido en escenario de numerosas producciones cinematográficas.

Pero más allá del cine, lo que realmente merece la pena es recorrerlo a pie, subir hasta lo alto y contemplar uno de los mejores ejemplos de la arquitectura tradicional del sur de Marruecos.

La Kasbah de Aït Ben Haddou es uno de esos lugares donde el paisaje, la historia y la arquitectura de adobe se unen para crear una de las imágenes más impresionantes del sur de Marruecos.

El desierto de Erg Chebbi, las grandes dunas de Marruecos

Hay paisajes que cambian por completo la percepción de un viaje y el desierto de Erg Chebbi es uno de ellos. Cerca de Merzouga se levantan algunas de las dunas más espectaculares de Marruecos, formando un enorme paisaje de arena que cambia de color según la hora del día.

Llegar hasta aquí supone dejar atrás las grandes ciudades y atravesar montañas, valles, palmerales y pequeños pueblos del sur. El propio camino ayuda a entender cómo va cambiando Marruecos hasta alcanzar las puertas del Sahara.

Pero el desierto no son solamente sus dunas. En los alrededores de Merzouga encontramos pequeños pueblos, antiguas tradiciones nómadas y paisajes que merece la pena recorrer con tiempo.

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Ver caer el sol sobre el desierto de Erg Chebbi, pasar una noche entre sus dunas y contemplarlas al amanecer es, para muchos viajeros, uno de los momentos más especiales de una ruta por Marruecos.

Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos

Entre las montañas del Rif se encuentra Chefchaouen, una pequeña ciudad que se ha convertido en uno de los lugares más reconocibles del norte de Marruecos.

Su medina es muy diferente a las de Marrakech o Fez. Aquí las calles son más tranquilas, las casas están pintadas en distintos tonos de azul y blanco y pequeñas escaleras y callejones conducen hasta plazas, fuentes y rincones donde apetece detenerse.

El corazón de la ciudad es la plaza Uta el-Hammam, presidida por la kasbah y rodeada de pequeñas terrazas. Desde allí merece la pena caminar sin demasiados planes y descubrir poco a poco la medina.

Chefchaouen no necesita grandes monumentos para sorprender. Su ubicación entre montañas, el ambiente de su medina y ese característico color azul hacen que sea uno de los lugares más especiales de Marruecos.

Vista de Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos

Entre las montañas del Rif, Chefchaouen, la perla azul de Marruecos, sorprende por el encanto de su medina, sus calles tranquilas y los inconfundibles tonos azules de sus casas.

Essaouira, la ciudad frente al Atlántico

Essaouira muestra una cara completamente diferente de Marruecos. Situada frente al océano Atlántico y protegida por sus murallas, es una ciudad de casas blancas y azules, pequeñas calles y un puerto pesquero que sigue formando parte de su vida cotidiana.

Su medina, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, es agradable de recorrer a pie y mucho más sencilla de explorar que las de Marrakech o Fez. Tiendas, talleres de artesanos y pequeñas galerías se mezclan entre sus calles hasta llegar a las murallas y la Skala, desde donde se contempla el océano.

También merece la pena acercarse al puerto, especialmente cuando regresan las pequeñas embarcaciones de pesca, y pasear por la larga playa que se extiende junto a la ciudad.

El mar, las murallas y el ambiente tranquilo de su medina hacen de Essaouira uno de esos lugares que muestran otro Marruecos completamente diferente.

Volubilis, la huella romana de Marruecos

Entre Fez y Meknes encontramos Volubilis, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Marruecos y una muestra sorprendente del pasado romano del país.

Pasear entre sus ruinas permite descubrir los restos de antiguas viviendas, columnas, arcos y edificios públicos. Especialmente interesantes son sus mosaicos, algunos de ellos todavía conservados en el lugar para el que fueron creados hace siglos.

Su ubicación también forma parte de su atractivo. Volubilis se levanta en una zona de campos y suaves colinas, con las ruinas extendiéndose en un paisaje muy diferente al que solemos asociar con Marruecos.

Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, Volubilis recuerda que la historia del país es mucho más diversa de lo que puede parecer a primera vista. Una parada que merece especialmente la pena cuando se recorre el norte de Marruecos y sus ciudades imperiales.

El Valle del Draa, oasis y palmerales del sur de Marruecos

Al sur de Ouarzazate se extiende uno de los paisajes más bonitos del país: el Valle del Draa, un enorme corredor de palmeras que acompaña durante kilómetros el curso del río.

La carretera atraviesa pequeños pueblos de adobe, antiguas kasbahs y extensos palmerales que contrastan con las montañas y las tierras áridas que los rodean. Es uno de esos lugares donde se aprecia especialmente bien cómo el agua ha condicionado la vida en el sur de Marruecos.

A lo largo del valle encontramos poblaciones como Agdz y Zagora, además de numerosos pueblos donde todavía se conserva buena parte de la arquitectura tradicional de tierra.

Más que un único lugar que visitar, el Valle del Draa es un paisaje para recorrer despacio, haciendo paradas y descubriendo ese Marruecos de oasis, palmeras y kasbahs que aparece cuando nos adentramos en el sur del país.

El Alto Atlas, las montañas que separan dos mundos

Atravesar el Alto Atlas es uno de los grandes momentos de cualquier ruta que conecte Marrakech con el sur de Marruecos. A medida que la carretera asciende, el paisaje cambia y aparecen montañas, pequeños pueblos y profundos valles.

Durante siglos, estas montañas han marcado una frontera natural entre las grandes ciudades del norte y las regiones presaharianas. Cruzarlas permite entender mejor los enormes contrastes de Marruecos: en relativamente pocos kilómetros podemos pasar de Marrakech a paisajes de montaña y, después, a los valles, oasis y kasbahs del sur.

Pero el Atlas no es únicamente un lugar de paso. Sus pueblos, sus paisajes y la vida de las comunidades amazigh forman parte de una región con identidad propia.

Contemplar sus montañas y atravesarlas camino del sur es también parte del viaje y, para nosotros, una de las grandes maravillas naturales de Marruecos.

Rabat, historia y elegancia junto al Atlántico

Rabat es la capital de Marruecos y, aunque a veces queda en segundo plano frente a Marrakech o Fez, es una ciudad que merece mucho más que una visita rápida.

Uno de sus lugares más emblemáticos es la Torre Hassan, junto al mausoleo de Mohammed V. Muy cerca del centro encontramos también la Kasbah de los Oudayas, un pequeño entramado de calles blancas y azules situado sobre la desembocadura del río Bou Regreg.

Rabat combina monumentos históricos, amplias avenidas y barrios modernos con un ambiente generalmente más tranquilo que el de otras grandes ciudades marroquíes.

Esa mezcla entre historia, vida actual y Atlántico convierte a Rabat en una excelente parada para descubrir una faceta diferente de Marruecos.

Casablanca y la espectacular Mezquita Hassan II

Casablanca es la ciudad más grande de Marruecos y su imagen es mucho más moderna que la de las antiguas ciudades imperiales. Sin embargo, alberga uno de los monumentos más impresionantes de todo el país: la Mezquita Hassan II.

Construida parcialmente sobre el océano Atlántico, sorprende tanto por sus dimensiones como por la riqueza de su arquitectura. Su enorme minarete domina el perfil de la ciudad y en su decoración participaron miles de artesanos marroquíes, combinando trabajos de madera, mármol, yeso y mosaico tradicional.

A diferencia de la mayoría de las mezquitas de Marruecos, la Mezquita Hassan II puede visitarse por dentro por personas no musulmanas, mediante las visitas establecidas para ello. Su interior permite apreciar todavía mejor la magnitud y el trabajo artesanal del edificio.

Casablanca quizá no tenga el encanto de las medinas de Fez o Marrakech, pero solo contemplar la Mezquita Hassan II frente al Atlántico justifica incluirla entre las grandes maravillas de Marruecos.

Marruecos, un país de muchas maravillas

Resulta difícil elegir una sola maravilla de Marruecos. Para algunos será perderse por la medina de Fez, para otros contemplar las dunas de Erg Chebbi al amanecer o descubrir la silueta de Aït Ben Haddou después de atravesar el Atlas.

Y quizás eso sea precisamente lo que hace especial al país: en un mismo viaje podemos encontrar ciudades, montañas, oasis, kasbahs, desierto y costa, cada uno con una historia y un paisaje completamente diferentes.

Después de muchos años recorriendo Marruecos, nosotros seguimos descubriendo lugares capaces de sorprendernos.

¿Cuál sería para vosotros la gran maravilla de Marruecos?


Después de acompañar a muchísimos viajeros y diseñar rutas a medida según sus gustos, en Dromedario Volador hay algo que tenemos bastante claro: el desierto se lleva la mejor nota.

Es uno de los lugares que más sorprende y, muchas veces, uno de los recuerdos que nuestros viajeros destacan al regresar a casa.

Nosotros coincidimos con ellos. Si tuviéramos que recomendar un lugar imprescindible en un primer viaje por Marruecos, sería el desierto.

Y no solo por las dunas. También por el camino hasta llegar allí, por los paisajes que van cambiando, los pueblos del sur y esa sensación de estar descubriendo un Marruecos completamente diferente.