7 cosas que (no) debes hacer caso de (no) comer en Marruecos
Este artículo nació hace años casi como una defensa de la comida marroquí. Navegando por internet encontramos un post que explicaba cuáles eran las cosas que supuestamente no debías comer en Marruecos. Lo leímos y pensamos: si hacemos caso a todo esto, ¡casi mejor venir sin hambre!
Porque una cosa es recomendar ciertas precauciones cuando viajamos y otra muy distinta es presentar la gastronomía marroquí como algo de lo que debemos desconfiar.
Está claro que durante un viaje por Marruecos habrá platos que os encantarán y otros que quizá no sean para vosotros. Eso nos pasa en Marruecos y en cualquier lugar del mundo. Pero viajar también significa probar, descubrir y, muchas veces, sentarse a una mesa sin saber exactamente qué nos van a servir.
Y Marruecos tiene mucho que descubrir alrededor de una mesa: pan recién hecho, harira, tajines cocinados lentamente, cuscús, brochetas, ensaladas, dulces…
Así que le damos la vuelta a aquel famoso “no”: estas son 7 cosas que sí merece la pena comer en Marruecos y algunos consejos para disfrutarlas durante vuestro viaje.
¡Buen provecho!
7 cosas que (no) debes hacer caso de (no) comer en Marruecos
1. El pan marroquí: sí, cómelo
Empezamos por algo casi imposible de evitar en Marruecos: el pan. Y menos mal, porque sería una pena viajar hasta aquí y no probarlo.
En Marruecos el pan no es simplemente un acompañamiento. Forma parte de prácticamente todas las comidas y muchas veces sustituye a los cubiertos: se utiliza para coger un poco de tajine, acompañar una ensalada o mojar en una salsa.
Encontraréis diferentes tipos según la zona y el lugar donde comáis. Uno de los más habituales es el khobz, el pan redondo marroquí que veréis en casas, restaurantes y pequeños establecimientos de todo el país.
Y si tenéis la oportunidad de probar pan recién hecho en un horno tradicional, hacedlo. Son precisamente estas pequeñas cosas las que también forman parte de conocer Marruecos.
¿Hay que tener sentido común? Por supuesto. Como en cualquier viaje, si un alimento tiene mal aspecto o dudáis de cómo se ha conservado, simplemente no lo comáis. Pero de ahí a recomendar no comer pan en Marruecos… nosotros no estamos de acuerdo.
2. La harira: una sopa que hay que probar
Otra de esas cosas que alguna vez hemos visto incluida entre lo que supuestamente hay que evitar es la harira. Y aquí tampoco estamos de acuerdo.
La harira es una de las sopas más tradicionales de Marruecos. Aunque existen muchas recetas y cada familia tiene su manera de prepararla, suele llevar tomate, legumbres, especias y hierbas aromáticas, además de otros ingredientes que pueden variar según la zona o la casa.
Es especialmente importante durante el Ramadán, cuando tradicionalmente se toma para romper el ayuno al caer la tarde, aunque podéis encontrarla durante todo el año.
Una harira caliente sienta de maravilla después de un día de viaje, especialmente durante los meses más frescos. Y si además la acompañáis con dátiles o algún dulce marroquí, mucho mejor.
Importante si no podéis tomar gluten: muchas recetas de harira utilizan harina de trigo para espesar la sopa. Si sois celíacos o tenéis intolerancia al gluten, preguntad siempre antes de tomarla y no deis por hecho que es apta simplemente porque sus ingredientes principales sean verduras y legumbres.
¿Nuestro consejo? Probadla. Quizá encontréis una que os guste más que otra, porque no todas saben igual, pero sería una pena marcharse de Marruecos sin haber probado al menos una buena harira.
3. Las ensaladas marroquíes: sí, pero con un poco de sentido común
Con las ensaladas aparece uno de los consejos que más se repite antes de viajar a Marruecos: “no comas verduras crudas”. Nosotros no seríamos tan tajantes.
En Marruecos encontraréis ensaladas de muchos tipos. Algunas se sirven crudas, pero muchas de las que llamamos ensaladas marroquíes están en realidad cocinadas: tomate y pimiento, berenjena, zanahoria, calabacín… y pueden ser uno de los mejores comienzos de una comida.
¿Significa esto que hay que comer cualquier ensalada en cualquier sitio? Tampoco. Si vais a tomar verduras crudas, especialmente durante los primeros días del viaje, elegid lugares que os transmitan confianza y donde los alimentos tengan buena apariencia y estén bien conservados.
Lo mismo ocurre con la fruta: si tenéis dudas, una opción sencilla es elegir aquella que podáis pelar vosotros mismos.
Y un consejo que sí mantenemos durante todo el viaje: bebed agua embotellada. Es una precaución sencilla que puede evitaros molestias innecesarias.
Así que no hace falta renunciar a las ensaladas. Elegid con sentido común y disfrutad también de esta parte de la cocina marroquí.
4. La medfouna: la “pizza bereber” que os espera en el desierto
Si vuestro viaje os lleva hasta el desierto de Merzouga, a los pies de las dunas de Erg Chebbi, hay un plato que merece un lugar en esta lista: la medfouna, conocida por muchos viajeros como “pizza bereber”.
Aunque su aspecto pueda recordar a una pizza cerrada, poco tiene que ver con la pizza que conocemos. Se prepara con una masa de pan rellena tradicionalmente de carne, cebolla, especias y otros ingredientes que pueden variar según quién la cocine.
Es un plato muy ligado al sur de Marruecos y especialmente conocido en la zona de Merzouga y Tafilalt. Contundente, sabroso y perfecto para compartir, es una de esas comidas que tienen todavía más sentido cuando se prueban en el lugar del que proceden.
Y aquí tenemos que poneros una condición: para probar una buena medfouna tendréis que llegar hasta el desierto de Merzouga. Una excusa más para descubrir Erg Chebbi y comprobar que Marruecos también se conoce a través de su cocina.
5. El tajine: no hay uno solo
Hablar de comida marroquí y no hablar del tajine sería prácticamente imposible. Pero hay algo que conviene saber antes de viajar: el tajine no es un único plato.
Su nombre procede del recipiente de barro con tapa cónica en el que tradicionalmente se cocina lentamente. A partir de ahí, las posibilidades son enormes: tajine de pollo con limón confitado y aceitunas, de ternera con ciruelas, de kefta con tomate y huevo, de verduras, de cordero… y muchas otras combinaciones.
Además, no esperéis encontrar exactamente el mismo tajine en todas partes. Las recetas, las especias y la forma de prepararlo cambian según la región, el restaurante e incluso cada familia.
Normalmente llega a la mesa todavía caliente y se comparte acompañado de pan marroquí. Y sí, durante una ruta de varios días probablemente acabaréis comiendo más de uno. Nuestro consejo es que no pidáis siempre el mismo: aprovechad para probar diferentes variedades.
Porque después de varios días viajando por Marruecos seguramente descubriréis una cosa: tenéis vuestro tajine favorito.
6. El cuscús: mucho más que un plato típico
El cuscús es probablemente uno de los platos marroquíes más conocidos fuera del país, pero probarlo en Marruecos es otra historia.
Se prepara con sémola de trigo acompañada de verduras y, según la receta, carne de pollo, ternera o cordero. Como ocurre con tantos platos tradicionales, no existe una única manera de preparar el cuscús: cada región y cada familia tiene sus pequeños secretos.
Pero hay algo especialmente bonito que conviene conocer antes de viajar: en Marruecos el viernes es tradicionalmente el día del cuscús. Después de la oración, muchas familias se reúnen alrededor de una gran fuente que se coloca en el centro de la mesa y se comparte entre todos.
Por eso, si durante vuestro viaje coincide que es viernes y tenéis la oportunidad de probar un buen cuscús, aprovechadla. No estaréis probando solamente uno de los platos más conocidos de Marruecos, sino también una tradición muy ligada a la vida familiar del país.
Importante si no podéis tomar gluten: el cuscús tradicional se elabora con sémola de trigo y, por tanto, contiene gluten. Si sois celíacos o debéis evitarlo, no deis por hecho que es apto aunque el acompañamiento sea únicamente de verduras.
7. Los dulces marroquíes: guarda un hueco para el final
Después del pan, la harira, la medfouna, los tajines y el cuscús, nos faltaba la parte más dulce de Marruecos. Y aquí también hay mucho que probar.
La repostería marroquí utiliza con frecuencia almendras, miel, sésamo, agua de azahar y canela. Encontraréis desde pequeños pastelitos de almendra hasta los conocidos cuernos de gacela, además de muchas especialidades que cambian según la región y la época del año.
Una de las más tradicionales es la chebakía, elaborada con una masa especiada que se fríe, se baña en miel y se cubre con sésamo. Es especialmente típica durante el Ramadán, cuando suele acompañar a la harira al romper el ayuno.
Y, por supuesto, está el té a la menta. No es un dulce, pero forma parte inseparable de muchos de estos momentos. Os lo ofrecerán en alojamientos, tiendas, casas y durante muchas paradas del viaje. A veces bastante más dulce de lo que estamos acostumbrados.
Nuestro consejo es sencillo: probad, compartid y no intentéis contar las calorías durante el viaje. Marruecos también se descubre así.
Comer también forma parte de viajar por Marruecos
Podríamos haber hecho una lista de cosas que “no debes comer en Marruecos”, pero después de tantos años seguimos pensando lo mismo que cuando escribimos este artículo por primera vez: sería una pena viajar con miedo a probar.
Por supuesto, hay que utilizar el sentido común, cuidar especialmente el agua que bebemos y tener en cuenta cualquier intolerancia o alergia alimentaria. Pero también hay que dejar espacio para descubrir.
Porque viajar por Marruecos no es solamente conocer Marrakech, atravesar el Atlas o contemplar las dunas de Erg Chebbi. También es probar un pan recién hecho, compartir un cuscús un viernes, descubrir vuestro tajine favorito o sentaros delante de una medfouna después de haber llegado hasta Merzouga.
La gastronomía también cuenta la historia de Marruecos. Y merece la pena viajar por Marruecos con ganas de conocerla.