Llamar a un marroquí, moro
Es bastante habitual escuchar a algunos viajeros utilizar la palabra “moro” para referirse a una persona marroquí. Unas veces se utiliza sin ninguna intención de ofender y otras, claramente, con un sentido despectivo.
Pero entonces surge la duda: ¿decir “moro” es despectivo?, ¿es un insulto o simplemente una palabra que se ha utilizado históricamente?
La respuesta no es tan sencilla como un sí o un no. Depende mucho del contexto, del tono y de la intención con la que se utilice. Y también, por supuesto, de cómo la reciba la persona a la que nos estamos refiriendo.
¿Es despectivo llamar “moro” a un marroquí?
Puede serlo. Actualmente, en España, la palabra “moro” puede utilizarse con una carga despectiva cuando se emplea para referirse a una persona del norte de África, especialmente dependiendo del tono y del contexto.
Eso no significa que la palabra sea siempre un insulto ni que todas las personas marroquíes reaccionen de la misma manera. Pero si estamos hablando de una persona de Marruecos, existe una palabra mucho más sencilla, precisa y respetuosa: marroquí.
En Dromedario Volador diseñamos rutas por Marruecos para descubrir el país, acercarnos a una cultura diferente y viajar dejando a un lado muchos de los prejuicios con los que, a veces, llegamos.
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¿Por qué la palabra ‘moro’ puede resultar ofensiva? El contexto y la intención importan
Es bastante habitual escuchar la palabra “moro” para referirse a una persona marroquí. Unas veces se utiliza sin ninguna intención de ofender y otras, claramente, con un sentido despectivo.
La palabra “moro” tiene un origen histórico y no nació como un insulto. Durante siglos se ha utilizado, con significados diferentes según la época, para referirse a poblaciones musulmanas del norte de África y de la península ibérica.
El problema no está tanto en el origen de la palabra como en el uso que ha adquirido con el paso del tiempo. En determinados contextos se ha utilizado de manera despectiva para referirse a personas marroquíes o, de forma más general, a personas procedentes del Magreb.
Por eso, la misma palabra puede aparecer en un libro de historia o en una expresión tradicional sin intención ofensiva y, sin embargo, resultar despectiva cuando se utiliza para dirigirse a una persona.
El contexto, el tono y la intención son fundamentales. Y si hablamos de una persona de Marruecos, tenemos una palabra mucho más sencilla y precisa para referirnos a ella: marroquí.
La palabra “moro” no siempre es un insulto, pero puede resultar despectiva según cómo y cuándo se utilice.
¿Cómo se toman los marroquíes que les llamen “moros”?
No podemos hablar en nombre de todos los marroquíes, porque no todo el mundo interpreta las palabras de la misma manera. Habrá personas a las que no les importe, otras que entiendan que se ha dicho sin mala intención y otras a las que les resulte molesto o directamente ofensivo.
Lo que sí podemos contar es nuestra experiencia después de muchos años viviendo, trabajando y viajando por Marruecos. En determinadas situaciones, especialmente cuando la palabra “moro” se utiliza para referirse directamente a una persona, puede percibirse como despectiva.
Muchas veces el viajero español la utiliza por costumbre, sin ninguna intención de faltar al respeto. Pero precisamente cuando viajamos a otro país también aprendemos que una palabra que para nosotros puede parecer inofensiva no tiene por qué ser recibida de la misma manera por quien la escucha.
Por eso, si hablamos de una persona de Marruecos, nosotros lo tenemos bastante claro: marroquí. Es correcto, preciso y no deja lugar a interpretaciones.
Cuando viajamos, conocer una cultura también significa aprender cómo dirigirnos a las personas que nos reciben.
Los prejuicios no deberían viajar con nosotros
Lamentablemente, y muy a nuestro pesar, siempre habrá gente buena y gente mala, sin distinción de origen, cultura o nacionalidad. Juzgar a una persona por el lugar donde ha nacido, por su religión, por el color de su piel o por pertenecer a una determinada cultura no nos dice absolutamente nada sobre quién tenemos delante.
Los prejuicios existen en todas partes y Marruecos tampoco escapa de ellos. A veces viajamos con ideas preconcebidas que hemos escuchado durante años y que repetimos casi sin darnos cuenta. Precisamente una de las cosas más bonitas de viajar es tener la oportunidad de comprobar por nosotros mismos cuánto hay de cierto —o de falso— en todo aquello que nos habían contado.
Conocer Marruecos significa conocer también a sus gentes: conversar, compartir un té, entrar en una casa, pasear por un pueblo, preguntar, escuchar y descubrir formas de vivir diferentes a las nuestras.
No tenemos que pensar todos igual, ni compartir las mismas costumbres para respetarnos. Viajar también debería servir para acercarnos, entendernos un poco mejor y derribar algunos de los prejuicios con los que salimos de casa.